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viernes, 2 de noviembre de 2012

Prólogo a "Ladrido: una polémica & El arte / El velo" de David Meltzer

Eric Schierloh, amigo, poeta, novelista, editor, padre, profesor,  lleva adelante el precioso proyecto "Barba de Abejas", libros artesanales, casi de mano en mano. De los títulos publicados (que salen en tanda cada 3 meses) 4 son traducciones de textos desconocidos. Así nos fue acercando a nuestro castellano la poesía de H. D. Thoreau y de Theodore Enslin  en la primer tanda, y ahora  cosechó -con la novedad de ilustraciones coloreadas a mano- a D. H. Lawrence y David Meltzer, de cuyo libro ahora estamos compartiendo el prólogo.

Larga vida a las abejas de Bee-ly

De "Ladrido: Una polémica & El arte / El velo", de David Meltzer, el prólogo por Eric Schierloh.
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PRÓLOGO




When I was a Poet
I was an Acrobat
a Tightrope Walker
keeping balance
in my slippers
on a wire above
Grand Canyon
Inferno
Vertigo
D.M., “When I Was a Poet”





David Meltzer nació el 17 de febrero de 1937 en Rochester, New York, hijo de músicos: chelista el padre, harpista la madre. Cuando David todavía era niño la familia se mudó a Brooklyn, y en 1954, tras el divorcio, se fue a vivir a Los Angeles con su padre. En 1957, un año después de la publica-ción de Howl and Other Poems de Allen Ginsberg y el mismo año de publicación de On the Road de Jack Kerouac, se mudó definitivamente a San Francisco, donde se unió al grupo de poetas en torno a Jack Spicer y Robert Duncan, quienes en cierta forma guiados por Kenneth Rexroth y Madeline Gleason estaban gestando cambios radicales en la literatura, las artes visuales, la filosofía, el interés por las culturas orientales (el zen, las poesías japonesa y china) y la política, cambios que luego conformarían el espíritu de lo que se conoce como el Re-nacimiento de San Francisco, algo así como el ala oeste de la Generación Beat. En el calor de este movimiento, en 1958, in-cluso antes de publicar su primer libro de poemas, Meltzer (que toca la guitarra, la mandolina, la armónica y también el piano) registró un disco que recién se publicaría en 2006 bajo el sello Sierra Records: David Meltzer: Poet with Jazz 1958. Meltzer se ha referido a aquellos años beat de poesía, jazz y va-gabundeo como “un bar mitzvah de desesperanza en la cafete-ría Waldorf, anhelando la oportunidad de hacer explotar New York”. Durante toda la década del ’60 Meltzer tocó con su ban-da Serpent Power, y de hecho, al igual que Ginsberg[1] y Kero-uac, estuvo entre los primeros en trabajar su poesía en contac-to estrecho con la música, tanto el jazz como el folk y el rock.
David Meltzer
"Ladrido: Una polémica & El arte / El velo"
Barba de Abejas, 2012

David Meltzer es un autor de obra vasta. Entre otros ha es-crito los libros de poemas The Clown (Semina, 1960), The Process (Oyez, 1965), The Dark Continent (1967), Round the Poem Box (1969), Yesod (Trigram, 1969), Greenspeech (1970), Luna (Black Sparrow, 1970), Hero/Lil (Black Sparrow, 1973), Arrows: Selected Poetry, 1957-1992 (Black Sparrow Press, 1994), No Eyes: Lester Young (Black Sparrow, 2000; li-bro en el que le rinde homenaje al gran saxofonista y clarine-tista de jazz), David’s Copy: The Selected Poems of David Melt-zer (Penguin Group Press, 2005) y When I Was a Poet (City Lights, 2011). También ha escrito ficción: The Agency Trilogy (Brandon House, 1968; Richard Kasak, 1994), Orf (Brandon House, 1969; Masquerade Books, 1995) y Under (Rhinoceros Books, 1997); los libros de ensayos Two-Way Mirror: A Poetry Notebook (Oyez, 1977) y Beat Thing[2] (La Alameda Press, 2004); ha editado las antologías The Secret Garden: An Antho-logy in the Kabbalah (Continuum Press, 1976; Station Hill Press, 1998), Birth: Anthology of Ancients Texts, Songs, Pra-yers, and Stories (North Point Press, 1981), Death: Anthology of Texts, Songs, Charms, Prayers, and Tales (North Point Press, 1984), Reading Jazz (Mercury House, 1996), Writing Jazz (Mercury House, 1999) y San Francisco Beat: Talking With the Poets (City Lights, 2001); ha grabado, además del ya mencionado David Meltzer: Poet with Jazz 1958, otros dos dis-cos: Serpent Power (Vanguard Records, 1968) y Poet Song (Vanguard Records, 1969), ambos reeditados en 1996, Serpent Power/Poet Song (Comet/ Akarma Records).
Su obra permanecía inédita en español, incluso en antolo-gías dedicadas a la poesía de la Generación Beat.



El presente volumen recoge los libros Bark: a Polemic (Capra Press, 1973) & The Art / The Veil (Membrane Press/Light and Dust Books, 1981)[3]. El primero de ellos está compuesto por poemas y textos en prosa y, ya desde el título, tal vez se deje le-er como una especie de aullido aunque sin pretensiones épico-generacionales y en algo así como una clave humorístico-perru-na, ambientada en la costa oeste, en Bolinas, o Dogtown, la ciudad de los perros, una comunidad bastante inaccesible en la llamada Bay Area de San Francisco conformada por bohemios habitantes algo afectos a la reclusión, hogar del poeta y, en su tiempo, de otros beats como Richard Brautigan, Robert Cree-ley, Joanne Kyger y Philip Whalen. Los “ladridos” que articu-lan una visible dialéctica del amo y el esclavo los profieren pe-rros (¡¿siempre perros?!), perros felices, perros abandonados, perros sarnosos y perros de jardín privado (squares?), a veces inadaptados o outsiders (beats, hipsters?), armados con pregun-tas sinceras y en ocasiones filosóficamente imprudentes sobre el mundo de basura y sordidez que ven a través de sus viejos ojos cansados o inocentes, después de haber sido lobos de la naturaleza y de sí mismos para ser perros del hombre, mien-tras son carcomidos por la sarna, las garrapatas, la hediondez de vagabundo, las pulgas o la simple rasquiña de perro; las res-puestas, cuando aparecen, son casi folk-trash, como salidas de una galleta de la suerte en descomposición, sin un oráculo: «That’s life, dumb fucker, that’s the old ballgame». Es posible, por otra parte, que no esté del todo ausente la mirada crítica sobre la Guerra de Vietnam (1964-1975), y entonces tal vez también la del perro como sujeto sociológico:

Perro es Judío
Perro es Negro
Perro es Blues
Perro es Pobre
Perro eres Tú
Perro es listo o idiota o un poco de ambos…

Bark: a Polemic es, por último, la relación del origen legen-dario de esa ciudad canina por naturaleza, historia y nomencla-tura, a la que se accede tan sólo por un camino bastante in-transitable que sus habitantes intentan mantener secreto y le-jos de los curiosos destruyendo las señales viales que la ligan a la carretera principal y a los forasteros indeseados.
Dibujo coloreado a mano a
partir de un grabado de David Meltzer

 
obra de Peter Leblanc, 1964.
Sobre The Art / The Veil el propio autor ha dicho: «Estas dos obras tratan sobre la paradoja del confinamiento, los de EL VELO son poemas que se imprimieron a sí mismos (que in-sistieron ellos mismos) durante el tiempo en que enseñé escri-tura en una prisión estatal. Los reclusos utilizan las palabras “afuera” y “adentro” en un sentido que, después de mucha reflexión, me di cuenta que los hacía intercambiables y nada diferentes a nociones similares utilizadas por el poeta para describir su propio trabajo y su ser. EL ARTE es sobre ese trabajo. Cómo el adentro se ocupa de su salida y el afuera de su entrada» (“Nota del autor”). En la primera parte, “El ve-lo”, se concentran los poemas presidiarios y aquellos sobre los aprietos y trampas (algo cinematográficos) de la vida ordinaria: las áureas posibilidades que promete un robo a mano armada, el asesinato doméstico, la eterna revolución inconclusa siendo televisada y monitoreada, la escritura co-mo encierro, la sombra luminosa de las drogas, &c. Ese velo acaso pueda entenderse entonces como lo que nos separa de lo que no es y que por lo tanto nos empuja o tiende un puente para actuar, acción u omisión, coraje o temor; aque-llo que está «entre lo que llamamos corazón/ y el mal real». Otra dialéctica.
Los poemas de “El arte” escenifican la rutina del artifi-cio, de la escritura, de la (alucinada) creación poética, del trance de las palabras, y de alguna forma ofrecen un adentro alternativo al afuera del encierro. Si el valor de Bark se jue-ga en ese humor rancio y animal, típicamente beat, el de El arte / El velo tal vez resida en el filo de un juego dialógico entre el adentro y el afuera, entre lo dicho y lo no dicho, en-tre el poema (aunque Meltzer califique el estilo del libro co-mo «de orador callejero, no poesía») y su anverso: la muerte.



Lawrence Ferlinghetti, el último de los mohicanos de la Gene-ración Beat, dijo en ocasión de la publicación de When I Was a Poet (2011), volumen 60 de la prestigiosa colección The Poc-ket Poets de la editorial y librería City Lights Book que él diri-ge y que es algo así como el hogar de la memoria de los Beats en la costa oeste: «Con este libro fundamental, David Meltzer toma su lugar entre los grandes poetas de su generación».
Espero que Ladrido: una polémica & El arte / El velo pueda servir a un propósito semejante y permitirnos comenzar a dar-le a la obra de Meltzer un lugar entre los muchos poetas de la Generación Beat que aún nos resta conocer para, de alguna forma, sumar piezas al complejo rompecabezas que fue la últi-ma vanguardia literaria que dio la literatura del siglo XX.


Eric Schierloh,
invierno de 2012.


[1] Meltzer también comparte con Ginsberg el interés por el misticismo judío.
[2] El libro es una suerte de collage en prosa y verso, y está considerado como su obra épica sobre la Generación Beat. Jack Hirschman (poeta y acti-vista estadounidense) dijo que era «el trabajo lírico-político más importante de Meltzer (…), escrito por un poeta que, en términos de la invención rítmi-ca y verbal y del trabajo con las figuras de la cultura popular, no tiene rival» (en wikipedia.org/wiki/David_Meltzer).
[3] Ambos están disponibles en la web del autor: meltzerville.com/links.htm

viernes, 26 de octubre de 2012

Me va a encantar...

                                                            (link a la foto acá)



"Me va a encantar el Siglo XXI", una compilación de poemas de Mark Strand es un libro de poesía que no sólo es poesía. Su lectura te hace transitar bastante más que "goce estético". 
Acá, en esta foto, Ezequiel Zaidenwerg (traductor del libro que editó Gog y magog Ediciones) junto al mismísimo Mark Strand.












Que las cosas mantengan su entereza (Mark Strand)

En un campo,
"Me va a encantar el Siglo XXI"

Mark Strand
Trad. Ezequiel Zaidenberg
Gog y Magog 
yo soy la ausencia
de ese campo.
Eso se cumple siempre:
donde quiera que esté
soy lo que falta.

A mi paso,
el aire se separa
y siempre vuelve a unirse
llenando los espacios
donde estuvo mi cuerpo.

Todos tienen razones
para moverse,
yo me muevo para
que las cosas mantengan su entereza.




Cortejo (Mark Strand)

Hay una chica que te gusta, así que le decís
que tu pene es muy grande, pero que
no lo podés usar. Sus exigencias son ridículas, decís,
incluso contraproducentes, pero de todos modos hay que satisfacerlas,
breve, disimuladamente, en la penumbra.

Cuando cierra los ojos horrorizada, vos
te desdecís de todo. Le explicás que vos mismo sos casi
una chica y que su espanto te resulta comprensible.
Cuando ella está por irse, le decís
que vos no tenés pene, que no sabés

qué te pasó. Te arrodillás.
De repente se agacha para besarte el hombro, y te das cuenta
de que vas por buen camino. Le decís que querés
dar a luz hijos, que por eso parecés confundido.
Fruncís el ceño y maldecís el día que naciste.

Ella intenta calmarte pero vos estás enajenado. 
Le bajás la bombacha y le pedís disculpas a la vez.
Ella intenta zafarse. Vos aullás como un lobo. Tu deseo
parece colosal. Sabés que va a ser tuya.
Tomada por asalto, ella es la chica con quien vas a casarte.

sábado, 20 de octubre de 2012

Joseph Brodsky - algunos poemas de "Canción de cuna y otros poemas"


En una conferencia

Como los errores son inevitables, alguien podría creer
que soy un hombre parado en esta aula
frente a todos ustedes. Pero en una hora, digamos,
eso se habrá corregido, por mi gracia y por la suya,
y el lugar quedará de nuevo en poder de las partículas elementales,
libres de la rigidez de una forma humana concreta o de cierto tipo
de asamblea. Algunas partículas todavía son libres. No todo es polvo.

Así las cosas, mi falta de predisposición para reconocer
que soy yo quien está ahora aquí ante ustedes, o exactamente
lo contrario, tiene menos que ver con mi modestia o solipsismo
que con mi respeto por el futuro inmediato de la habitación,
por esas partículas que flotan libres como antes mencionara,
posándose sobre la superficie lustrosa de mi cerebro.
Inaccesibles para el trapo húmedo ansioso por eliminarlas.

Lo más interesante del vacío
es que se encuentra precedido por lo lleno.
Los primeros que así lo entendieron fueron, creo,
los dioses griegos, cuyo fuerte era justamente su ausencia.
Piensen, entonces, que ensayan para el bis divino
y que mi actuación se ofrece, claro está, para la galería.
Todos nuestros actos son por vanidad. Pero estoy apurado.

Una vez conocido el futuro, es posible adelantarlo.
Así lo hacen las esculturas y los muebles de mi casa.
La humildad no es una virtud sino una necesidad
que se reconoce sobre todo cuando cae la noche.
Si bien es cierto que, desde el punto de vista numérico,
es más fácil no ser yo que no ser ustedes. Como le confesó
el cisne al lago: no me gusto. Pero sos bienvenido a mi reflejo.



A mi hija

Dame otra vida y seguiré cantando
en el café Raffaela. Y me quedaré ahí sentado
o parado como un mueble en un rincón
si esta vida nueva es menos generosa que aquella.

Así y todo, en parte porque desde ahora ningún siglo podrá 
arreglárselas sin jazz ni cafeína, soportaré este sufrimiento 
y a través de mis huecos y mis grietas, de todo el polvo 
y los barnices, te observaré, en veinte años, en tu florecida flor.

Recuerda que, en general, seguiré existiendo. O más bien 
que un objeto inanimado podría ser tu padre, 
en especial si los objetos son más viejos o grandes que vos, 
así que miralos atentamente, porque sin duda te juzgarán.

Ama esas cosas, te tropieces o no con ellas. 
Además, quizá todavía recuerdes una silueta, un contorno, 
cuando yo haya perdido hasta eso, junto con el resto del equipaje. 
Así, estos versos, algo acartonados, en nuestra lengua en común.


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"Canción de cuna y otros poemas"
Joseph Brodsky
Trad. Walter Cassara y Daniela Camozzi
ISBN: 9789871586097
Huesos de Jibia
96 págs


Reedición de Canción de cuna y otros poemas, de Joseph Brodsky (la primer edición data del 2010). Aunque ya lo habíamos anunciado el mes pasado (pueden ver la nota en el siguiente link), les contamos que se trata de una edición corregida y aumentada, con traducción de Daniela Camozzi y Walter Cassara. Posee, además, un estudio crítico escrito por Cassara y titulado “Expreso transiberiano”, que fue incluido en el libro de su autoría El oído del poema (Bajo la luna, 2010, Primer premio de Ensayo del Fondo Nacional de las Artes).


“Como en una botella de Klein o en las geometrías no euclidianas de Gauss y Lobachevsky, en el imperio brodskyano todo es puro vértigo y desasosiego del espacio infinito, todo ondula en la oblicuidad del universo, todo se distorsiona, se desploma o levita, indefectiblemente, en la curvatura del espacio-tiempo, y “sólo de un rincón cubierto de polvo y telarañas/podría decirse con justicia/que está en ángulo recto.” Walter Cassara

Recién llegados!!! - Ed. Huesos de Jibia

Por fin, la hermosa y cuidada editorial Huesos de Jibia, comandada por Walter Cassara, desembarcó en Lilith. Acá una breve presentación de algunos de sus títulos. Todas traducciones. Todos preciosos libros.






Ensayo poético
"El nombre del Rey de Asiné"
Yves Bonnefoy
Trad. Arturo Carrera
ISBN: 9789871586158
Huesos de Jibia
52 págs



























Poesía - Edición bilingüe



"Canción de cuna y otros poemas"
Joseph Brodsky
Trad. Walter Cassara y Daniela Camozzi
ISBN: 9789871586097
Huesos de Jibia
96 págs
"Italienisches Liederbuch"
J. R. Wilcock
Trad. Guillermo Piro
ISBN: 9789871586134
Huesos de Jibia
62 págs

























"Las Auroras del Otoño"
Wallace Stevens
Trad. y Prólogo de Roberto Echavarren
Huesos de Jibia

52 págs
"Hojas de hierba/ Canto a mí mismo"
Walt Whitmann
Vers. Daniel R. Fernández Coronado

ISBN: 9789871586219
Huesos de Jibia
64 págs
















martes, 25 de septiembre de 2012

¡¡¡Se agrandó la colmena!!!



Sí, las abejas ya son más. Y, aunque no alcanza a formar aún una tupida barba, sí que son suficientes para dar forma un discreto pero exquisito bigote. A las ya conocidas ediciones bilingües, seleccionadas y traducidas por el multitask Eric Schierloh, "Canción del viajero..." de Henry D. Thoreau y al "Fin del invierno en Maine..." de Theodore Enslin se le suman tres novedades primaverales. Éstas son:

"Tortugas en la bahía" de D. H. Lawrence
"Tortugas en la bahía", D.H. Lawrence, Barba de Abejas 2012




















"Ladrido: una polémica" & "El arte / El velo" de David Meltzer

"Ladrido: una polémica...", David Meltzer, Barba de Abejas 2012

y, también, un poemario del propio Eric (el primero en ser editado), "Costamarina (seguido de Diario de Costamarina)".


"Costamarina...", Eric Schierloh, Barba de Abejas 2012























Todos los libros son artesanales, armados y cocidos a mano. Su factura es delicada y exquisita. Las tres novedades cuentan además con un plus: tienen ilustraciones a color pintadas a mano.





Seguro que estas tres abejas recienvenidas polinizarán tu biblioteca.  



viernes, 21 de septiembre de 2012

"El mejor poema del mundo"


Por Julián Bejarano



Desde el día que me enteré de que el poema Moscas de largas zancas de W.B. Yeats era el mejor del mundo, quise aprendérmelo de memoria. Busqué el poema en internet con traducción de Girri y me lo memoricé. Hasta ese momento solamente me sabía un solo poema de memoria. Uno de Juanele Ortiz que se llama La paloma se queja. El de Yeats realmente desde el primer día que lo leí me pareció, sin lugar a dudas, el mejor de todos. La poesía está exenta de este tipo de máximas. Por la inmensidad de poesía que se ha escrito y que se sigue escribiendo a lo largo de la historia. Sin embargo uno necesita este tipo de norte como para guiarse y saber a dónde ir. El poema de Yeats está en la punta de la cima de todos los peldaños habidos y por haber de la poesía que leí hasta ahora. Tengo 28 años y por ahora es el mejor de la historia, capaz que dentro de 30 años encuentro otro que me guste más. No lo sé.
Me aprendí de memoria Moscas de largas zancas pero después me lo olvidé. Quiero decir que si en este momento alguien me pide que lo recite seguramente en algunas partes le voy a pifiar. No obstante me acuerdo de tres imágenes que hay en ese poema. Que me volaron la cabeza y que difícilmente pueda llegar a olvidar. La primera es la de Julio Cesar en la tienda y los mapas con los ojos fijos en el vacío y una mano bajo el mentón. La segunda es la imagen de una mujer, tres partes niña, pensando que nadie la mira mientras ensaya un paso de baile aprendido en la calle. Y la última es la de Miguel Ángel acostado en un andamio pintando la capilla papal. Y no me olvido del estribillo que se repite después de cada imagen “como una mosca de largas zancas sobre río/su mente se mueve en el silencio”.
Con este estribillo (no sé si lo podría llamar de esta manera) me pasó algo muy loco. El primer trabajo que tuve en mi vida fue como encargado de un depósito mayorista de una empresa que se dedicaba al rubro de artículos de librería, regalería y juguetería. Después de trabajar un año y medio en negro terminé con una lumbalgia tras levantar un par de cajas con mercadería muy pesadas. La empresa estaba por fundirse y echaron a todos los empleados menos a mí. Que era el que hacía el trabajo de casi todos. Cuando sucedió el accidente laboral los dueños, a pesar de no tenerme como empleado registrado en la AFIP, me pagaron los estudios y una resonancia magnética.
El traumatólogo del Iteo que me atendió, me recetó tres meses de reposo y tres sesiones semanales de kinesiología durante varias semanas y me dijo que si podía cambiara de trabajo. Por supuesto que a ese trabajo de mierda no volví más. Hice lo que el doctor me recomendó. Gracias a una obra social que tenían mis viejos me busqué un profesional. Encontré una kinesióloga que me atendía lunes, miércoles y viernes a la hora de la siesta en un consultorio que tenía en calle Bavio. Me hacía tirar en una camilla boca abajo y me pasaba un artefacto caliente por la zona lumbar, después otro aparato electrónico que me hacía masajes, me pasaba una pomada y también masajeaba la zona con sus manos. Me recomendó que comprara unas buenas zapatillas y que hiciera una serie de ejercicios en casa. Me dijo que no iba a poder dormir boca abajo nunca más porque al otro día me iba a doler todo. Cosa que aún hoy después de casi seis años no consigo acostumbrarme, ya que toda la vida dormí boca abajo. Y me aclaró que los días de mucha humedad iban a ser algo así como dolorosos, totalmente cierto. Cada vez sufro más la humedad entrerriana.
No sé cómo poder explicar que en la sala de espera de una de las sesiones de kinesiología yo finalmente terminé de entender el poema de Yeats. Me acuerdo que estaba sentado en un banquito largo que tenía una funda acolchonada color negra. Eran tipo las dos de la tarde. Estando del lado de adentro del consultorio me daba la sensación que la ciudad del lado de afuera no existía. A la secretaria que estaba clavada al mostrador casi pegado a la puerta de calle la tenía a una cuadra más o menos de distancia. De repente me vino a la cabeza la imagen, casi real, de una mosca de largas zancas atravesando un río ancho con mucha vegetación en ambas orillas. Sentí un silencio ancestral y perfecto. Si alguien se hubiera acercado a través del pasillo la realidad le hubiera jugado una mala pasada con la imagen de un pibe mirando solamente una pared blanca. Esa supuesta pared era una ventana que daba a un río a la siesta y con una mosca atravesándolo en silencio. Por un momento me sentí como la mente silenciosa adentro de la mosca que viajaba a través de un río. La felicidad fue eterna. Después la kinesióloga me llamó tras girar el picaporte de la puerta. Fue una lástima que no le pudiera explicar el éxtasis por el que acababa de pasar. Hubiera pensado que estaba mal de la cabeza en vez de mal de la espalda. Por eso siempre digo que entender el poema de Yeats me llevó por lo menos tres años.
Tuve que romperme la espalda en un laburo de mierda para entender el mejor poema del mundo. Colosal instrucción me dio la poesía.



Julián Bejarano nació en Buenos Aires en 1983 pero
es Entrerriano. Fue canillita, Kiosquero, Encargado
de un depósito de un mayorista, Playero de estación de
servicios, entre otras actividades. En la actualidad es
Cajero. Timonea junto a Manuel Podestá
el proyecto editorial Gigante

"Moscas De Largas Zancas" de William Butler Yeats



Para que la civilización no se hunda,
perdida su gran batalla,
haz callar al perro, ata el potrillo
a un poste distante.
César, nuestro amo, se halla en la tienda
donde los mapas está desplegados,
sus ojos fijos en el vacío
y una mano bajo el mentón.
Como una mosca de largas zancas sobre el río
su mente se mueve en el silencio.

Para que las insuperables torres sean quemadas
  y los hombres memoren el rostro,
muévete lo más suavemente posible, si debes hacerlo
W. B. Yeats
en este solitario lugar.

Ella piensa, en parte mujer, tres parte niña,
que nadie la mira; sus pies
ensayan un paso de baile
aprendido en la calle.
Como una mosca de largas zancas sobre el río
su mente se mueve en el silencio.

Para que las muchachas púberes puedan encontrar
el primer Adán en su pensamiento,
cierra la puerta de la capilla papal,
mantén fuera esas niñas.
Ahí en el andamio está acostado Miguel Angel.
Sin más ruido que el que hacen los ratones
mueve su mano de un lado a otro.
Como una mosca de largas zancas sobre el río
su mente se mueve en el silencio.




Versión de Alberto Girri